Fabuloseando
En mi familia el surrealismo se transmite genéticamente, y estoy rodeada de personajes pintorescos que hacen de Dadá un aficionado de pacotilla. Uno de mis seres fabulosos favoritos es mi tía E., a la que con voz pausada y dulce le gusta reflexionar sobre cuestiones metafísicas, y se pregunta y te pregunta sobre la vida al tiempo que te mira pensativa con sus ojos azules. E. es agorafóbica y se pasó años sin salir de casa, pero ahora está mejor y da pequeños paseos, por eso los domingos viene hasta aquí mientras su marido ve el fútbol en la sociedad recreativa.
Hoy, cuando ha llegado, mi madre estaba en la ducha, así que se ha sentado aquí conmigo mientras la esperaba. "¿Qué haces?", me ha preguntado cuando me ha visto con el ordenador. "Estoy poniendo una emisora de radio de internet para escuchar el programa de un amigo" Y le he explicado cómo funcionaba la radio y por qué la sintonía del programa ("Fabuloseando la la, fabuloseando ye ye") salía por los altavoces que hay encima de la tele, y no por el monitor.
Las dos nos quedamos calladas escuchando al locutor que explicaba que el programa iba a tratar sobre cartas como continuación a un programa anterior en el que habían hablado de cartas de amor.
...porque a veces las mejores cosas de la vida nos llegan de forma inesperada, sin prever...
E. "¿Sí? ¿Va a hablar del amor?
N. "Pues eso parece."
E. "¿Y qué es el amor, Nuala?"
N. "..."
En ese momento entró en el salón mi madre. Mi tía se volvió hacia ella.
E. "MamáNuala, ¿qué es el amor?"
M. "¿Pues qué va a ser? Estar enamorado, tener una ilusión."
E. "Sí. Pero ¿qué pasa cuando te casas y crees que va a ser una cosa y después es otra?"
M. "Pues eso es el desamor."
E. "¿Y qué haces?"
M. "Pues mira, es como tener un mueble al que le falta una pata.
No sirve para nada.
Lo tiras."
E. "Tu madre acaba volado, Nuala", dijo mi tía riéndose.
N. "..."
M. "Yo, sí. Es así, E."
Y mientras yo me escapaba a fumar un pitillo aún escuché decir a mi madre: "lo que pasa es que somos muy tontas..."
Cuando volví a la sala se habían ido a la habitación, donde mi madre le enseñaba a E. en el ordenador lo último que había escrito. Y desde la sala las oía cantar un poema al ritmo del midi que había puesto de fondo: Amor de hombre."
¿Qué es el amor? Me pregunto qué le responderíais vosotros.
Hoy, cuando ha llegado, mi madre estaba en la ducha, así que se ha sentado aquí conmigo mientras la esperaba. "¿Qué haces?", me ha preguntado cuando me ha visto con el ordenador. "Estoy poniendo una emisora de radio de internet para escuchar el programa de un amigo" Y le he explicado cómo funcionaba la radio y por qué la sintonía del programa ("Fabuloseando la la, fabuloseando ye ye") salía por los altavoces que hay encima de la tele, y no por el monitor.
Las dos nos quedamos calladas escuchando al locutor que explicaba que el programa iba a tratar sobre cartas como continuación a un programa anterior en el que habían hablado de cartas de amor.
...porque a veces las mejores cosas de la vida nos llegan de forma inesperada, sin prever...
E. "¿Sí? ¿Va a hablar del amor?
N. "Pues eso parece."
E. "¿Y qué es el amor, Nuala?"
N. "..."
En ese momento entró en el salón mi madre. Mi tía se volvió hacia ella.
E. "MamáNuala, ¿qué es el amor?"
M. "¿Pues qué va a ser? Estar enamorado, tener una ilusión."
E. "Sí. Pero ¿qué pasa cuando te casas y crees que va a ser una cosa y después es otra?"
M. "Pues eso es el desamor."
E. "¿Y qué haces?"
M. "Pues mira, es como tener un mueble al que le falta una pata.
No sirve para nada.
Lo tiras."
E. "Tu madre acaba volado, Nuala", dijo mi tía riéndose.
N. "..."
M. "Yo, sí. Es así, E."
Y mientras yo me escapaba a fumar un pitillo aún escuché decir a mi madre: "lo que pasa es que somos muy tontas..."
Cuando volví a la sala se habían ido a la habitación, donde mi madre le enseñaba a E. en el ordenador lo último que había escrito. Y desde la sala las oía cantar un poema al ritmo del midi que había puesto de fondo: Amor de hombre."
¿Qué es el amor? Me pregunto qué le responderíais vosotros.
Ayer tuve que ir a casa de mi abuela paterna a rescatar libros, una de las pocas cosas que dejó mi tío Pepe al morir, hace menos de un año. Aunque está a unos escasos metros de la de mis padres, no había vuelto a entrar allí desde que ella murió, cuando yo era una niña. Me sorprendió que aquello siguiera exactamente igual a como yo lo recordaba, como entrar en un decorado de Cuéntame.
El otro día mientras en la televisión entrevistaban a una chica que no sé quien era, pero que a juzgar por el tamaño de sus glándulas mamarias debía ser comadrona, pensaba en la cara del enterrador del futuro, cuando abra según qué ataudes, y encuentre entre el polvo los implantes de silicona.
Empezó hace unos días. En la acera empezaron a crecer muebles. Y me he encontrado en días sucesivos y en diferentes sitios un somier, dos colchones (que he olvidado poner en la postal), un sofá, una mesa camilla, una tele y una estufa.
Hace dos años el mundo era una habitación.
Alguien que quería regalar este libro, me pidió que lo leyera antes del lunes para conocer mi opinión sobre él.
Todavía es invierno. Pero los árboles en flor y unos narcisos en el jardín dicen que ya ha llegado la primavera. No sé si estas flores se han rebelado contra el calendario o si se han vuelto locas. Pero creo que les voy a hacer caso.
Como hoy he cobrado me he bajado a hacer unas compras:
Creo que, como el principito, viniste agarrada a la cola de un cometa. De hecho, te vi pasar otra vez antes, pero no supe agarrarte y te me escapaste dejandome un sabor a sal y lagrimas en los labios un 31 de diciembre.Pero esta vez te he agarrado con mi abrazo mas de Koala, y aunque alguna vez he sentido que casi me caia, creo que ya empieza a gustarte el tacto de mis orejas de peluche en tu piel de cometa y sirena!